Unidad o Amor a la Patria Si, Separatismo o Nacionalismo, No

Los que trabajan por la unidad son: buenos, sabios, bellos y verdaderos.

Los que trabajan en el separatismo: malos, ignorantes, feos y mentirosos.

Los primeros se parecen a Dios; los segundos, al diablo (el que divide).

Cada español entiende que Euskadi forma parte de España. Cada vasco, al menos los 250.000 autoexiliados, siente que es español. Patria viene de padre; así, el verdadero padre (Patria) de los vascos y del resto de los españoles es España.

Los santos, de Euskadi como, Ignacio de Loyola, Valentín de Biorrochoa, Josefa Sancho, etc., conocedores del plan de Dios y por eso verdaderos creyentes, trabajaron por:
La unidad entre los vascos, entre los españoles y entre todos los pueblos.
Los separatistas que desconocen el plan de Dios y por eso no pueden creer verdaderamente, trabajan por:
La división entre los vascos, entre los españoles y entre todos los pueblos.

La unidad es causa y consecuencia: del respeto, la simpatía y el amor a Dios y al hombre; el separatismo: de la intolerancia, de la indiferencia y del odio al hombre y a Dios.

Los creyentes sabemos que el poder del Estado viene de Dios Jn 19,11. Por eso, en coherencia con nuestra fe y por el sentido común de la humana justicia, debemos exigir al estado que haciendo uso de la ley y de las fuerzas de seguridad, reprima y corrija a los autores de la división, con penas proporcionales a la gravedad de los actos.

Los no creyentes juzgarán como su razón les sugiera. En este caso, por la lógica de la justicia, todos tendrán razón. ¿Por qué? Porque para ellos la teocracia ha muerto, viva la democracia, la tiranía, la anarquía o lo que sea. Dicho de otro modo: Dios ha muerto, viva el hombre (vasco, catalán o celtíbero).

Por esto, en el ámbito del nihilismo, paganismo y ateísmo, cualquier hombre tiene derecho a ser dios procurando realizar su plan. A este ámbito pertenecen los activistas y simpatizantes del terrorismo etarra. Los cuales, dicho sea de paso, no solo se cuentan entre los vascos; como la cizaña, están esparcidos por todo el territorio nacional.

Arrepentíos y pedid perdón porque durante décadas:
Habéis odiado a los españoles, en paz, ensañándoos contra ellos violentamente.

Por el sufrimiento que habéis producido a todos los españoles de bien con vuestros asesinatos, secuestros y latrocinios constantes…

Yo os perdonaría si pedís perdón; lo mismo que mi confesor, en nombre de Cristo, me perdona cuando me confieso culpable.

Pido a dios que los españoles sepamos defender con valentía la unidad de España. No debemos consentir que unos desgraciados criminales nos roben una parte entrañable de nuestra hermosa patria.