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Septiembre 2006

¿Por qué a mi papá que era tan bueno, trabajador y honrado, extraordinariamente simpático y amigo de sus amigos, casi nunca le vi rezar? ¿Cuántos papás igual o más buenos que el mío, queriendo lo mejor para sus hijos, casi nunca obsequiaron a estos, con la imagen sugerente y entrañablemente humana de rezar?
A mi modesto entender pienso que se debe a que desde hace algunos cientos de años los varones en Europa, depositaria y transmisora de la cultura cristiana para el mundo, han abandonado, mayoritariamente, el hábito de la oración. Deslumbrados por los avances científicos, económicos, políticos, culturales y sociales, han perdido la luz de la fe.

El hombre se ha desteologizado cambiando la teología por la antropología. De ahí, el triunfo de las ciencias que versan sobre el ser humano, como la psicología o la sociología, por poner un ejemplo. En esta nueva situación, lo principal no es Dios sino el hombre. Ya no interesa la cultura del ser, sino la del bien-estar. Ahora lo que importa más, no es ser bueno y bello, sino estar bueno y bello.

El hombre con el devenir de los acontecimientos, se va desentendiendo de los anclajes de la cultura cristiana aferrándose a las necesidades y apetencias de su propio yo. Por esta vía, trata de echar, otra vez, un pulso a Dios, imitando a los de Babel que pretendían escalar el cielo por medio de una gran torre, para contrastar el poder humano con el divino. (Gn. 11)
Más que realizar obras de arte a la divinidad, interesan las operaciones de cirugía estética a la humanidad.

No ocurre lo mismo en las otras dos grandes religiones hermanas que adoran al mismo Dios de los cristianos: judaísmo (Yahvé) e Islam (Alá). Es fácil y frecuente visualizar, en ambas, cómo los más comprometidos con su Dios no son las mujeres, como ocurre en el cristianismo, sino los hombres.
En mi opinión, judíos y musulmanes se han quedado sin la bendición de Dios por haber rechazado la revelación de Jesús. Sin embargo, a pesar de todo, por ser culturas generalmente celosas de lo suyo, se conservan intactas con el paso de los siglos. E incluso se expanden porque los varones no han dejado de rezar. Añado a esto, la tendencia natural de esposas e hijos en fijarse e imitar las formas y comportamientos del padre, más que los de la madre.

Europa ha sido bendecida y favorecida con abundantes bienes espirituales y materiales en pago al esforzado trabajo de multitud de apóstoles, para la difusión del mensaje de esperanza y salvación prometido por Jesucristo. A él: todopoderoso, redentor del hombre; le pido que nos ayude a encontrar fórmulas de seducción, para convencer a los varones de que engancharse al placer, trabajo, dinero, familia e incluso fútbol, etc. etc. trae parejo, inexorablemente, desengancharse de Dios: Padre para los cristianos. (Mt. 6, 24). La consecuencia de esto sería aniquilarnos a nosotros mismos, ya que este apego a la criatura, en detrimento del creador, equivaldría a matar al Padre fuente de la vida y el ser.